Por Sebastián Robles
Esta noche se presenta Esa voz que a mí me nombra, libro de relatos de Deolinda Colman, egresada del programa formativo en escritura narrativa de Casa de Letras. Luego de confesar la envidia que le provocó la lectura del libro, Dalmiro Sáenz afirma en su prólogo: “La autora no se conoce a sí misma, conoce las miradas que la miran. Es una persona linda, que no se asombra de ser mirada porque no sabe mirar las miradas y no sabe que mirar miradas no es tan fácil.” Conversamos con ella.
Según Dalmiro Sáenz, sos “una gran escritora analfabeta de vos misma”. El tema de la “voz” aparece tanto en el título como en muchos relatos. ¿Hasta qué punto se trató de un efecto buscado? ¿O se dio espontáneamente?
Yo creo que Dalmiro se refiere a mí, cuando digo a mí digo a la escritora o a los escritores que recién comienzan. Creo que se refiere a ese desconocimiento inicial que se nos presenta, cómo elegir el tono, o mejor dicho cómo contar eso que queremos contar. Entonces en el comienzo se impone lo caótico, y nos empeñamos en ordenarlo. Tal vez él quiera decir que debería yo, o todos los otros en mi condición, dejarnos llevar por ese caos y quedarnos en él un rato, para poder conocernos más. Y así al conocernos todo se “ordenara” con más naturalidad. Y las letras correrán sabiendo a donde van. Se me ocurre arriesgar ésta interpretación, pero tal vez, Dalmiro sólo este diciendo sobre el desconocimiento de nuestro propio deseo. Es lo que aprendí con él, reconocer el deseo e ir tras él.
La voz de la narradora se dio en forma espontánea, mis comienzos de contar historias vienen de la Narración Oral, aprendí a contar en forma autobiográfica y espontánea. En ese camino, en ese juego de contar pequeñas anécdotas y luego unirlas y formar una historia fue surgiendo la pregunta ¿quién cuenta? Y sí, la narradora que cuenta a Clara surgió así. Luego busqué que ese efecto se repitiera a lo largo de todo el libro.
– ¿Clara es tu alter ego? Y en ese caso: ¿en qué se diferencia de Deolinda Colman?
Creo que debo animarme a decir que sí, que claramente ella es mi alter ego. Las diferencias son a veces profundas y otras superficiales. Tal vez yo la vea mucho más frágil, más vulnerable. Tiene algo infantil. Eso la vuelve más atractiva que su creadora.
¿En qué momento, a lo largo de la escritura de estos relatos, empezaste a percibir que tenías un libro?
Cuando escribí “Alfonso Gutierrez”, este relato forma parte de uno más largo, creo que el más largo que escribí, es más en un momento pensé: esto puede ser la semilla de una novela. Pero bueno luego le dí otro destino. Esto en lo real. En mi fantasía yo siempre quise tener un libro. Pensaba: si tengo un libro, soy escritora. Si soy escritora, todos dirán de mí: qué mujer tan enigmática e interesante, qué talento. Y por sobre todas las cosas; me quedaré en casa y no tendré que ir más a la oficina.
¿Qué escritores influyeron en vos a la hora de escribir Esa voz que a mí me nombra?
Ninguno, sería una falta, no digo de respeto, sino de verdad. Una terrible falta de verdad. Supongamos que porque determinado autor me guste, tanto que lea hasta sus malos libros, y no solo los lea sino que los defienda a morir. Y que mi metejón con ése autor fuera tan grande que creyera que por el solo hecho de leerlo sin discriminar nada y mientras preparo un libro, su influencia terminaría cayendo sobre mi escritura, sería una tilinga. O lo que es peor, una imbécil.
No siento predilección por nadie, al punto de volverme su seguidora empedernida. Quizás tenga que ver con no leer la cantidad de autores que se supone tenga que leer. No lo sé. Si sé que ante algunas cosas que leo siento una profunda envidia, me ha pasado al terminar de leer La balada del café triste de Carson McCullers, pensé que no era justo que esos personajes estuvieran ahí, ellos deberían ser míos. Con Estupor y temblores de Amélie Nothomb, me pasó lo mismo. Esa Amélie, hablada en otra lengua, era mi Clara. La lista es larga, pero ya es tarde y quiero irme a dormir. Me atrapan más los personajes que las historias.
¿Qué estás escribiendo ahora?
Estoy corrigiendo (quien lea sepa que estoy riéndome). Mi frase suena a la de esos grandes lectores que nunca dicen qué están leyendo. Ellos dicen, estoy releyendo. Bueno, estoy corrigiendo un par de relatos que tienen otra voz narradora. Me está costando despegarme de “esa voz”. Me está costando tomar una decisión. Acaso Clara merezca continuar. ¿Tendrá algo más para decir?
Esa voz que a mí me nombra de Deolinda Colman, publicado por Linda y Fatal ediciones, se presenta hoy a las 20:30 hs en Espacio Madreselva, Castro 561, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.