Por Sebastián Robles
Dos mil catorce fue un año intenso para Mónica Sifrim, una de las voces más importantes de la poesía argentina actual. Además de publicar su último libro, El talante de las flores, se acaba de producir el lanzamiento de la editorial Cienvolando, que ella dirige, con las reediciones de la novela Brillos de Luis Gusmán y del poemario Variaciones de la luz, de Diana Bellessi y, próximamente, la edición de una novela póstuma de Gloria Pampillo titulada Una mala mujer. Conversamos con Sifrim acerca de su obra poética y su actividad editorial.
Mientras que en El talante de las flores el lenguaje es puramente poético, en Novela familiar, que Hilos Editora reeditó en 2012, hay una búsqueda que se acerca más a la prosa. ¿Cómo fue el proceso de escritura de ambos libros?
Novela familiar tiene algo de una novela, efectivamente. No fue deliberado, la escribí a borbotones, sin ninguna estructura. Solo me fluían fragmentos similares en la respiración y el formato. Entonces, cada vez que me sentaba, tenía la sensación de un narrador frente a una novela: lee lo que escribió antes y lo continúa. Sin embargo, pese a que los textos salían de esa manera salvaje, yo percibía una organización que no entendía. Hasta que una tarde me compré unas hojas Canson enormes, fotocopié todo, lo corté con una tijera y lo fui pegando sobre las hojas con plasticola. Entonces me di cuenta de que había unidad y podía estructurarse a partir de distintas zonas temáticas. Le dediqué mucho tiempo al orden. Fui cambiando, eligiendo y reordenando. Hasta que me quedaron secciones donde los textos se agrupaban de un modo natural. Después de meses de trabajo me resultó fácil ver capítulos, personajes. Pero la estructura salió a posteriori.
En El talante de las flores, en cambio, los poemas fueron escritos de modo unitario, con más tiempo entre uno y otro, con un tipo de agrupación que decidí al final, pero que perfectamente podría no haber estado. Poemas individuales, solitarios, ordenados en secciones. Es un tipo de libro, en algún sentido, “a la antigua”, porque ahora la moda es que los libros sean unitarios. Y este es un libro con distintas partes diferentes entre sí.
“Diezmo”, el poema que abre el libro, es el más narrativo. De algún modo se entronca con Novela familiar. Aparece allí una imagen que escribí en 1986, que en su momento formaba parte de un poema muy potente dedicado a mi madre. Recibía aplausos y tenía mucha aceptación cuando lo leía, pero sin embargo decidí no publicarlo. Me parecía que era un golpe bajo, que era cruel. Después lo olvidé, y en “Diezmo” mágicamente reaparecen esos versos treinta años después.
Siempre me costó sobreponerme a Novela familiar, porque fue un libro que en su momento circuló mucho. Del resto de las cosas que escribía me decían “está bien pero no es Novela familiar”. Por eso me dio mucha felicidad que fuera reeditado. Incluso fue una manera, aunque suene ridículo, de que me regrese físicamente el libro, porque no me quedaba ni un solo ejemplar. Y tuvo algo liberador.
A la sombra de Novela familiar, aprisionados entres sus dos ediciones, quedaron dos libros míos: Laguna, de 1999, que contiene algunos poemas importantes para mí y muy citados y El mal menor, de 2008, con el que gané el Premio Municipal de Poesía por obra inédita. Quiero mucho a ese libro.
Pasaron nueve años entre uno y otro.
No soy muy prolífica, ni soy una persona que se la pase escribiendo todos los días. Me cuesta la situación de la escritura. Es muy intensa, de mucha introspección. Le tengo miedo a la situación de excesiva introspección si no estoy bien anímicamente. No me expongo. Y suelo ser un poco despiadada con los textos, soy capaz de sacrificar un libro entero que no me guste. Tomo distancia y siento si estoy escribiendo “de taquito”, o dando un golpe bajo, o usando algo que sólo me sirve de andamiaje. Entonces soy drástica en las decisiones, no me tengo lástima.
El talante de las flores finaliza con una invocación al movimiento poético y literario Sturm und Drang. ¿Qué encontrás en el Sturm und Drang, de lo cual se alimenta tu poesía?
Tal vez Sturm und Drang, de algún modo, haga contrapunto con la sección de los tangos, que se llama “Las plumas de mi nido”, donde trabajo con dos letras de tango: “Desencuentro” y “Yuyo verde”, dos de los más duros y pasionales. Tiene que ver con la desmesura sentimental, lo abrupto, lo pasional, lo terminal. En la sección de los tangos, los sentimientos son terriblemente exagerados. Ese último poema es muy irónico. La gente se ríe cuando lo leo en voz alta. Tiene que ver con un tipo de lecturas que aún hoy me siguen gustando, como Cumbres borrascosas. Ese tipo de novelas góticas, románticas, en las que la emoción se derrama en la naturaleza. Si amenaza la catástrofe, se quema el castaño; si el amor se rompe, algo se quiebra también en el entorno natural.
¿Qué poetas considerás vinculados de algún modo a tu poesía?
Me siento muy cerca de María del Carmen Colombo y de Dolores Etchecopar. Estoy hablando de una afinidad más visceral. Hay muchos poetas de otras generaciones que me gustan y me influenciaron aunque no escriben como yo. Olga Orozco, Joaquín Giannuzzi, por ejemplo. O Calveyra. Me gusta leer a Osvaldo Lamborghini, a Juan L. Ortiz, aunque no tengan nada que ver conmigo.
¿Cómo se gestó la editorial Cienvolando?
La inquietud inicial fue sacar una editorial, los títulos aparecieron después. La iniciativa la tuvo el menos literario de los tres socios, Eduardo, que es arquitecto y está a cargo de definir las tapas. Adriana Chiattone, que es narradora, y yo, comenzamos a imaginarla. En lo personal, se conectó con una necesidad mía de encarar una actividad creativa desde otro abordaje: vital, en equipo y con resultados bien concretos. Un deseo propio que se plasmara en un objeto externo y me sacara del talante introspectivo, con una pizca de esa adrenalina propia del periodismo. Es como si sintiera: “estoy en condiciones de asumir esa responsabilidad.” La editorial implica cierta aventura vital en relación con lo que a mí me gusta, pero también en relación con el mundo, donde se pone algo de lo que se ama y se disfruta del poder hacerlo. Por eso me entusiasmé. Yo primero fui periodista cultural. Después coordiné, durante seis años, todo el proceso del premio Clarín de Novela, que estuvo a cargo mío y de Marcos Mayer durante los primeros 6 años. Di talleres de escritura y lectura, hice selecciones e informes para premios. A todo ese recorrido laboral le faltaba algo. Nunca había sido editora. Publicamos Variaciones de la luz de Diana Bellesi y Brillos de Luis Gusmán. Ambas son reediciones. A fines noviembre calculo que va a salir Una mala mujer, una novela póstuma de Gloria Pampillo.
¿Cómo fue el proceso de selección de los libros?
El de Gloria para mí siempre estuvo claro, además yo lo quería como homenaje a una escritora muy querida por mí. Yo había presentado o comentado algunos de sus libros, y sentía un particular interés afectivo en publicarla. Tanto Luis Gusmán como Diana Bellessi son autores de gran trayectoria que me atraen y conmueven. Me acerqué a hablar con cada uno de ellos, a ver si querían publicar algo con nosotros. Diana estaba contenta de poder reeditar este libro porque así como está había sido publicado en España, a través de la editorial Visor, pero no en Argentina. Esta era la posibilidad de tenerlo acá. Y Gusmán tiene una relación afectiva con Brillos porque, de algún modo, a él le hicieron sentir que este era un libro más comercial, mientras que El frasquito era un libro transgresor. Y al final resultó al revés. De modo que para él fue algo así como un “desquite” poder publicarlo ahora.
¿Qué planes hay para el año que viene?
Es seguro que vamos a publicar una antología temática en la cual van a participar varios escritores excelentes y conocidos junto con algunos otros que comienzan a publicar. El resto todavía no está definido, pero esperamos poder acompañar todos los títulos con el mismo entusiasmo que sentimos ahora.