La escritora Flavia Company es argentina y vive actualmente en Barcelona, donde es profesora de microrrelatos en la Escola d’Escriptura Ateneu Barcelonès. En el marco del hermanamiento entre esa escuela de Cataluña y Casa de Letras, Flavia visitó Buenos Aires e impartió dos cursos de otoño en Casa de Letras: Taller de Microrrelatos y La influencia de la escritura en la vida de quien escribe.
El jueves 29 de junio pasado, Flavia nos visitó en la clase de Usina de Historias. Cecilia Sorrentino y Hugo Correa Luna decidieron reunir a los alumnos de ambos grupos para conversar con ella sobre su experiencia como traductora de Natalia Ginzburg. El motivo: la escritora italiana es autora de ensayos sobre el oficio de la escritura que forman parte de la bibliografía de la materia.
Compartimos aquí la crónica que sobre esa visita.
Por Javier Marín
Llegar y ver las caras conocidas entre las desconocidas. Encontrar los rostros que vuelven propio un lugar. Sentir el extrañamiento de un espacio ya cotidiano. La sala adquiere dimensiones plásticas y se tiñe de los colores que tienen los acontecimientos significativos un segundo antes de pasar.
Las miradas de todos van hacia el frente donde tres sillas vacías anticipan el encuentro. Pocos minutos después, Flavia Company ya está ubicada en el centro de todo. El pelo gris en la fisonomía joven y la serena fuerza que expresa en sus gestos convocan un modo de la atención que no solo involucra ojos y oídos. Demandan el esfuerzo de todo el cuerpo, ahora detenido en alguna forma que iba a ser pasajera.
Una pregunta que no recuerdo otorga la señal de inicio. Flavia empieza a escribir un texto hecho de palabras habladas que van saliendo como si ya conocieran su lugar, aunque no hubieran sido pronunciadas antes. Flavia tiene 8 años y toca el piano. Un gran maestro la ve y reconoce en ella lo singular. No necesita escuchar los sonidos que puede sacar esa niña del enorme cajón de madera que tiene en frente. Algo previo a la música garantiza la condición que la hará emerger. Años después, puesta a reflexionar sobre su propia escritura, Flavia pone en movimiento un pensamiento similar: “El edificio va creciendo por dentro y sale cuando está listo”.
Flavia Company tradujo varios de los textos de Natalia Ginzburg a los que tenemos acceso en la Argentina. Para los que no conocimos antes los textos de Ginzburg, esta relación queda fundada de una vez y para siempre. Flavia habla de los procesos de traducción, de la necesidad de ser fiel a un original desde el difuso código que ofrece cualquier idioma. En el reconocimiento de la imposibilidad de traducción aparece una ética de la traductora. Intuimos la intensidad de los diálogos que habrán tenido lugar ante cada frase, ante cada palabra que aparece o se descarta, o cambia el orden con alguna otra. De esa intimidad entre creadoras, nos queda la sensación de un secreto, como el que esconden todas las relaciones: inaccesible para los externos, inexpresable para quienes habitan su interior.
Flavia nos habla de navegación. Sin instancias de pasaje, dejamos el cuarto de escritura y estamos de pronto en mar abierto. “Solo agua debajo y sin ver tierra por lado alguno”. Nos cuenta del peligro real. De la incertidumbre y la fragilidad. Parece buscar en el mar una nueva página en blanco. Las palabras que usan los navegantes condensan un mundo de leyes desconocidas. Y ella se para en la borda de un pequeño barco y va remontando olas. No hay nadie más. Nadie hace falta.
Flavia habla de los libros que tiene en la mochila. Libros que van por aeropuertos de Europa y de América. Ella vive en Barcelona y uno no puede evitar pensar los exilios; paradójicamente, una clave de lo nacional. Nos habla de un texto casi olvidado. De un cuento maravilloso que pocos van a tener en la mano. Yo tengo pánico de hablarle. Pero le hablo. Quiero contarle que yo también me encontré con el libro y que no fue por casualidad. Fue porque también en este país pasan cosas maravillosas. O pasan a veces y después dejan de pasar. Y que si uno escribe, como dice ella, “para crear un lugar donde se pueda vivir”, también la Argentina puede ser parte de alguna forma extraña de escritura, brillante o dolorosa; inestable, como las buenas traducciones.