Por Ana Reises
También esto pasará
Milena Busquets
Novela
Como una suerte de carta dirigida a su madre muerta después de un largo proceso de pérdida y transformación de una personalidad que fuera modelo de libertad y de disfrute, la narradora de esta historia comparte con el lector la trayectoria de un desconsuelo que parece no dar tregua. La carta comienza en el cementerio el día del entierro y termina también ahí, cuando Blanca realiza, por fin, la primera visita a la tumba, simbolizando el final del período de mayor desconsuelo de su duelo. Blanca, la protagonista de la historia, es una mujer de 40 años que ha perdido a su padre en plena adolescencia y ha tenido dos importantes relaciones de pareja, de cada una de las cuales ha tenido un hijo. Vive en Barcelona, gozando de una situación económica y social privilegiada, y sus hijos, al igual que ella, son bellos, inteligentes y sanos, rodeados de amistades entrañables. Son ellos quienes la acompañan muy de cerca a la hora de la definitiva despedida de su madre.
Busquets acierta con un estilo que no vacila en apelar al humor y al sarcasmo para situarnos en el momento más triste de la vida de su personaje central, a veces al borde de la depresión y otras veces rescatada por el sexo, al que se entrega buscando una anestesia que alivie su pena. Son sus dos exmaridos, a los que sigue queriendo con un profundo sentimiento de amistad, quienes la acompañan y le proporcionan el sexo que calma su dolor en el marco de un deslumbrante Cadaqués que, si no fuera por el calor agobiante, se parecería al paraíso. Ahí está la casa que fuera de su madre, en la que disfrutó todos los veranos de su infancia y adolescencia, y ahí fue a vivir su duelo con su gente más querida. También la sigue su amante actual, acompañado por su mujer y sus hijos.
Aunque ella sabe que la calma que le proporcionará cada encuentro sexual será efímero, y que “lo único que no da resaca y que disipa momentáneamente la muerte -también la vida- es el sexo”, se sumerge en ese consuelo casi como si fuera a extirparle para siempre su dolor. Es que su tristeza es tan inmensa que vuelve a sentir que la única historia de amor que ha tenido fue con su madre. Y reflexiona: “Amamos como nos han amado en la infancia y los amores posteriores suelen ser sólo réplicas del primer amor. Te debo, pues, todos mis amores posteriores…”. Blanca busca entonces con empeño y avidez a quien la acaricie, la contenga y la abrace envuelta en su dolor.
Pero Blanca también es seductora y su vitalidad se mantiene intacta. Esa pulsión se manifiesta en el momento cumbre de su despedida, al punto que se pregunta “cuál es el protocolo para ligar en un cementerio”. Su estilo de seducción es desembozado pero al mismo tiempo pasivo: es el hombre quien tiene que dar el primer paso. Acude para ello a señales corporales: la mirada insistente, la postura erguida y sinuosa, la falda más arriba de lo prudente; nunca a expresiones directas. Cuando asoma un personaje que se perfila como un sugerente interlocutor sexual, no atina a abordarlo. Por momentos da la impresión de que más que el sexo propiamente dicho es el juego de seducción lo que en verdad fascina a Blanca. Cuando juega con Tom a “hacer manitas” en la oscuridad de un cine, después no le contesta los llamados. “Aunque a pesar de gustarme no me gusta, empiezo a coquetear con él”, dice Blanca. Más adelante arriesga su amistad con una de sus mejores amigas flirteando con su marido.
De esta manera, Milena Busquets presenta a una mujer de mediana edad que, aunque liberada, no alcanza a asumir los cánones que se impusieron en el siglo XXI. A todo lo largo de la obra da la impresión de que tiene cuidado en conservar para sí, y para sus amantes, la imagen tradicional de hombres masculinos que, aunque débiles en el fondo, mantienen la ilusión de ser el sexo fuerte. Como en medio de un camino y en una transición entre los tabúes que regían hace décadas –mujeres dependientes realizadas a través de la valoración de la mirada masculina– y el paradigma actual, con mujeres que toman de la vida lo que necesitan sin pedir permiso a nadie, Blanca flota alrededor de una gran pregunta: ¿es la suya una búsqueda de su padre tan tempranamente perdido pero fundido con la figura de su madre adorada?
Escrito en el marco del curso “Cómo leer y por qué” de Nicolás Mavrakis.