Por Héctor Tizón
Con el tiempo se acumulan tantas páginas que uno ya siente miedo… de la posibilidad de repetirse. Y, en consecuencia, de esconder que quizá ya no quede nada para decir. El temor desaparece, no obstante, ante la hoja en blanco. Cuando uno se cae en el mar, no tiene más remedio que nadar. El hecho de escribir nace del hecho de escribir mismo. Yo tenía hace tantos años un profesor de box que me decía: “a medida que uno va convirtiéndose en un buen combatiente va creciendo el temor…”. Cuanto mejor se pelea, mayor es el temor porque, en el fondo, hay más conciencia de los defectos. Eso lo observé también en otros autores. Fundamentalmente en uno que fue muy amigo mío, Juan Rulfo. Cuando le preguntaban qué estaba escribiendo, en el acto inventaba una historia. Hasta incluso le ponía títulos porque Rulfo sentía que faltaba a su deber de escritor si no producía nada.