(Fragmento de una entrevista realizada por Mempo Giardinelli)
-Le propongo iniciar esta conversación hablando de su relación con la escritura, para luego derivar hacia el cuento. ¿Le parece?
-Bueno, entonces lo primero que diré es que yo he puesto todo lo que tengo en lo que he escrito. Porque para mí escribir es lo más importante que me ha sucedido.
-¿Siempre fue así?
-Siempre. Escribir y dibujar. Me gusta mucho dibujar. Empecé a los siete u ocho años, y dibujé muchísimo. Pero nadie me conoció por mis dibujos, porque no me hice conocer. Para que a uno lo conozcan, uno tiene que moverse. Y yo no me moví nada, Ahora me echo la culpa.
-¿Es una vocación perdida, el dibujo?
-No, en absoluto. Yo adoraba el dibujo, adoraba la pintura. Era para mí un éxtasis, ¿no? Pintaba y dibujaba para mí. No era un trabajo que me lo imponía, sino que era mi delirio. Me encantaba.
-¿A la par de la escritura?
-No. La escritura fue después. Porque con la pintura yo no logré lo que quería. Yo quería que alguien se diera cuenta de lo que yo hacía, y que me comprendiera. Pero nunca encontré a nadie. Me sentí muy sola en ese trabajo…
-¿Y la escritura, qué papel jugó para usted; qué fue?
-Bueno, fue mi vida, ¿no? Todavía hoy sigo escribiendo, diariamente. Cuando dejé la pintura, lo hacía con ingratitud. Me sentía culpable de hacer esto, porque amaba tanto la pintura, y todo lo que tuviera que ver con ella, ¿no? Y con el dibujo. Me preguntaba cómo era posible, me decía: “Ahora me pongo a escribir y no existe otra cosa que escribir”. Entonces me sentía culpable. Durante mucho tiempo, de noche, yo pensaba en eso. Lloraba, lloraba de pena. Pensaba: “¿Cómo puedo dejar de pintar, Dios mío?”.
-¿Y por qué lo dejó?
-Porque prefería escribir. Fue una elección al fin y al cabo.
-¿Y cuándo hizo esa elección?
-No lo sé exactamente. Pero toda mi vida escribí. Desde que era muy chica. Y escribía tanto que las maestras que tuve, cuando les mostraba lo que había escrito, me decían: “Pero no escribás tanto, che, que estás gastando todo el papel que hay en la casa”. Es “una falta de economía”, decían. Quizás era porque me daban temas para escribir y yo no les hacía mucho caso. Me decían escribí tal cosa, o sobre tal otra, pero siempre era yo misma la que elegía mis temas. Hoy sé que si escribía así era porque así lo sentía. Y no admitía que nada ni nadie modificara mis sentimientos. Yo escribía muchísimo…
-¿ Y ahora?
-Ahora me pasa otra cosa: yo quisiera decir cosas mucho más largas, más largas… Pero no me gusta lo que escribo cuando escribo extensamente. Porque cuando lo hago así, cuando me fluye la escritura larga, me parece que resulta algo que está de más. “Mirá -me digo – creo que esto es demasiado…”
-¿Por alguna razón estética o filosófica?
-No, simplemente porque me parece que lo que yo quiero expresar se pierde dentro de ese cúmulo de palabras e ideas que he puesto en el papel ¿no? Y entonces. inmediatamente, empiezo a borrar y a borrar, y a hacer todo de nuevo. Porque yo soy muy porfiada, ¿sabés?
-¿Siempre retrabaja mucho, siempre reescribe?
-Sí, siempre. Aunque soy muy impulsiva. En fin: soy las dos cosas. Puedo ser muy impulsiva y trabajar rápido. y a la vez puedo ser muy lenta, morosa y trabajar y trabajar lo mismo…
Fuente: Entrevista de Mempo Giardinelli a Silvina Ocampo