
Por Diamela Eltit
La escritura es un desafío para mí; en esa ruta el desafío y la incertidumbre son parte del trabajo personal con la escritura y eso me llevó a salir de los centros. Al principio, no sabía que me había salido de los centros porque tú escribes y piensas que toda escritura es escritura. Después te das cuenta de que no, que entre medio hay una mediación, que puede ser el mercado o la editorial y hasta la pedagogía de la letra. Hay un salto entre la letra y la forma de la letra. Yo estaba en una zona menos centrista y seguí mi deseo, más que cambiar de lugar una vez que me di cuenta de que estaba en otro espacio. No tenía nada que perder y sí mucho que ganar, que era cumplir el deseo de la escritura frente a una vida rutinaria escrita por las instituciones.
(…) El “no se entiende” me parecía extraño porque tenía una ingenuidad autoral. Yo siempre leí mucho, estudié literatura, entonces sabía los despliegues literarios, que son muy amplios. Me parecía raro que no se entendiera, pensando que hay zonas del lenguaje que son muy ambiguas. Que no hay transparencia, que la transparencia es muy compleja; aunque te digan “sí”, te pueden decir “no”. Me asombraba un poco esa filiación a la claridad, que es una especie de ficción también. Fueron muchos años y libros hasta que hubo un espacio para esos libros, que fueron haciendo los propios libros porque yo misma nunca tuve agente literario. Hay un factor sorpresa y es la letra la que abre los espacios. No soy yo como persona que tengo que buscar espacio para los libros, sino que lentamente los libros pudieron abrirse un pequeñísimo espacio literario.