
Por Siri Hustvedt
La memoria siempre tiene lugar en el presente, es la evocación en el ahora de un evento pasado. No hay memoria original almacenada en el cerebro que pueda extraerse y examinarse, pues nuestros recuerdos son propensos a lo que en neurociencia se llama reconsolidación. Los recuerdos se consolidan, se conservan, pero cada vez que los recuperamos se alteran y se conservan nuevamente. Todo esto afectado por la emoción. Los recuerdos que no tienen valor emocional se olvidan, por lo que aunque no podamos darles validez documental, podemos estar seguros de que las emociones que se les atribuyen son importantes. La precisión de una memoria puede ser menos importante que su función como guía sobre cómo vivir nuestras vidas.
Creo que la imaginación y la memoria no son facultades distintas, sino que están vinculadas. Nuestros recuerdos están llenos de ficción y la escritura está siempre conectada con el recuerdo, incluso cuando los eventos descritos están completamente inventados. Escribir ficción es como recordar lo que nunca sucedió. Esta novela en particular es, de hecho, una obra en la que memoria e imaginación comienzan a superponerse hasta que al final no hay separación alguna entre lo real y lo imaginario.