PARIS, FRANCE – september 11. Colombian writer Gabriel Garcia Marquez during Portrait Session held on september 11, 1990. Photo by Ulf Andersen / Getty Images
Después de la publicación de ‘Cien años de soledad’, que le dio fama universal, Gabriel García Márquez se enfrentó al libro difícil carrera literaria: ‘El otoño del patriarca’. La expectativa de sus lectores y admiradores en todo el mundo era enorme, y la necesidad de escribir una obra que superase el hito marcado por ‘Cien años de soledad’ se convirtió en una presión insoportable.
García Márquez quería escribir una reflexión sobre el poder absoluto que ha fustigado la América Latina, y para hacerlo se propuso desmontar por completo el estilo, empezar de cero, correr el riesgo y componer un libro que nada tuviera que ver con su novela anterior. “El problema que más tiempo me tomó para escribir ‘El otoño’ fue encontrar la forma de contar la historia.
Durante años leí todo el material que pude hallar sobre el tema, tratando de conocer todas las posibilidades de tratamiento que su misma complejidad me ofrecía. Y había tantos puntos de vista, que llegué a la de que la única solución era presentar esa multiplicidad de puntos de vista directamente en la narración.
Inicialmente consideré que la historia podría desarrollarse a través de un monólogo del propio Patriarca, pero finalmente encontré un recurso que denominé ‘monologo múltiple’, y que consistía en hacer hablar a todos los personajes directamente, para que el lector pudiese sumergirse en la historia como si se tratara de un buzo observando las profundidades del mar.
‘El otoño’ no tiene tiempos muertos, en él todo es esencial, y tan trabado que hubo veces que quise incorporar algo que había olvidado, y no había forma de hacerlo. Es una novela lineal, absolutamente elemental, donde lo único que se ha hecho es violar algunas leyes gramaticales y de unidad dramática para poder dar curso a ese monólogo múltiple en que los personajes se toman la palabra”.
Durante ocho años trabajó García Márquez en este libro, escribiendo una página por día, volviendo a escribir una frase tan pronto quedaba terminada. La versión final tuvo 450 páginas a máquina. Vivía entonces en Barcelona, y viajó a Londres para releer profundamente su obra y efectuar la última corrección de pruebas.
“Por una cláusula del contrato, solo podía cambiar hasta un 25 por ciento del original. Pero la diferencia es enorme entre lo escrito a máquina y la prueba de impresión Hacía las correcciones y el editor me devolvía las pruebas, y así pasaron dos meses, hasta que resolví terminar de una vez, porque si no, me iba a pasar toda la vida corrigiéndolo.
El libro finalmente salió en una edición que se descuadernaba, hasta el punto que se llegó a comentar que había que leerlo ‘hoja por hoja’. Inicialmente no tuvo una gran acogida, pero después del Nobel la crítica se interesó más por el libro, y hoy tiene el mayor prestigio en los medios especializados y es texto de análisis en muchas universidades”.
‘El otoño del patriarca’ es el único de sus libros que García Márquez ha vuelto a leer. Fue en un vuelo de doce horas a Tokio, adonde iba a entrevistarse con el director de cine Akira Kurosawa, quien quiere filmarlo ambientado en el Japón medieval. “Me gustó mucho —dice—, pero tuve otra vez la tentación de corregirlo, aunque hoy lo volvería a hacer exactamente igual”.
Fuente: Revista Diners Colombia